Churuchumbi se burla de la destrucción de Quito. Con un marcado tono de sarcasmo y evidente desprecio hacia el sentimiento cívico de la capital, el coordinador nacional de Pachakutik, Guillermo Churuchumbi, encendió la indignación colectiva al difundir un video en redes sociales en el que ironiza sobre las graves pérdidas sufridas durante los paros pasados, increpando con desdén: «¿Por qué callan los que antes lloraban por los adoquines de Quito? ¿Dónde están los que gritaban libertad de expresión y ahora callan por los medios cerrados?».
Las desafortunadas expresiones del dirigente reactivaron de inmediato el malestar entre los vecinos, comerciantes y colectivos de la urbe. Para los quiteños, que un actor político que aspiró a gobernar la provincia banalice la violencia urbana y los destrozos sistemáticos a la infraestructura patrimonial devela un resentimiento regional inaceptable en el debate democrático nacional.
El sarcasmo frente al dolor del patrimonio destruido
La alusión despectiva a los adoquines levantados durante las manifestaciones busca minimizar el impacto destructivo que soportó la capital en octubre de 2019 y junio de 2022. Aquellas jornadas dejaron al Centro Histórico con millonarias pérdidas materiales, cientos de locales comerciales saqueados y vías emblemáticas completamente desmanteladas para utilizar el material urbano como proyectiles contra la fuerza pública.
Reducir la legítima defensa del patrimonio colonial de Quito a un simple lamento por piedras demuestra una alarmante falta de sensibilidad hacia la historia y el esfuerzo diario de sus habitantes. El casco colonial representa la identidad viva de millones de ecuatorianos y un legado arquitectónico universal, no una trinchera descartable para el vandalismo o la agresión callejera.
La contradicción ética del discurso de Pachakutik
En su intervención digital, Churuchumbi pretendió cuestionar la coherencia de los sectores que exigen libertad de expresión pero guardan silencio ante otros hechos de la coyuntura nacional, proclamando que primero está la gente. Sin embargo, su propio razonamiento incurre en una flagrante doble moral que polariza a la ciudadanía y desconoce el sufrimiento ajeno.
No se puede invocar la defensa de los derechos colectivos mientras se justifica el asedio violento que desabasteció a los barrios de Quito de alimentos básicos, agua potable y medicinas de urgencia. Los derechos humanos pertenecen a todos los ciudadanos sin excepción y jamás se consolidan pisoteando la tranquilidad y la seguridad de una urbe sitiada.
El repudio de una ciudad que rechaza el revanchismo
El ataque resulta aún más grave proviniendo de un exalcalde de Cayambe que disputó el voto popular de los quiteños en los comicios seccionales de 2023 para la Prefectura de Pichincha. Un dirigente que pretendió administrar los recursos de una provincia diversa no puede construir su vigencia electoral sobre la base del resentimiento y la burla hacia la capital.
La respuesta ciudadana en redes y espacios vecinales fue contundente: Quito no olvida a quienes destruyeron sus arterias ni tolera el cinismo de quienes intentan capitalizar el descontento sembrando odio. La reconstrucción de la ciudad demostró la dignidad y la resiliencia de su gente, un valor cívico que ningún video cargado de burla logrará doblegar.



