El tinte proselitista detrás de los créditos estatales
La denominación del programa como Emprende Violeta no es una coincidencia casual ni responde a una categorización técnica de la banca de desarrollo. El uso recurrente del color violeta constituye la marca identitaria y el símbolo visual de la campaña proselitista de Daniel Noboa y de su movimiento político Acción Democrática Nacional. Bautizar un esquema de crédito estatal con la identidad cromática del partido de Gobierno representa una abierta utilización de las instituciones del Estado y de los recursos de todos los ecuatorianos para posicionar una imagen electoralista frente al segmento de mujeres emprendedoras.
Esta estrategia de asistencialismo financiero encubierto pretende vender como una conquista social lo que en la práctica es una operación de mercadeo político. Mientras los hospitales públicos carecen de insumos básicos y el sistema eléctrico nacional colapsa por falta de mantenimiento e inversión estatal en generación térmica, el Ejecutivo utiliza la estructura de BanEcuador para desplegar propaganda institucional. Disfrazar un crédito bancario convencional bajo una narrativa de apoyo de género demuestra que la prioridad en el Palacio de Carondelet no es resolver la pobreza estructural, sino fidelizar votos de cara a los próximos comicios presidenciales.
Decretos al apuro que no garantizan financiamiento real
Al examinar la letra chica del Decreto Ejecutivo 521, las supuestas ventajas para las trabajadoras autónomas se desvanecen con rapidez. La norma exige que las solicitantes cuenten con un negocio en funcionamiento activo y Registro Único de Contribuyentes al día, lo que automáticamente margina a cientos de miles de mujeres que sobreviven en la economía informal y que han sido las más golpeadas por la recesión económica y la falta de empleo formal. El decreto establece un filtro burocrático estricto que deja por fuera a quienes realmente necesitan capital semilla para iniciar una actividad productiva.
Más grave aún resulta la absoluta falta de certezas financieras en el documento presidencial. Al no definir montos de financiamiento ni periodos de gracia o plazos de amortización, el régimen lanza una expectativa que muy difícilmente podrá ser satisfecha por las exhaustas arcas de BanEcuador. Peor todavía, la advertencia explícita de que cumplir con el RUC, la edad y el negocio activo no asegura la entrega del crédito convierte al decreto en un simple cascarón publicitario. Miles de mujeres destinarán tiempo y recursos en tramitar carpetas en las sucursales bancarias, solo para toparse con la negativa crediticia o con demoras interminables propias de la burocracia estatal.
Endeudar a los negocios en medio del apagón nacional
La incoherencia económica del programa se torna aún más evidente al contrastarla con la realidad operativa de las calles ecuatorianas. El Gobierno propone endeudar a microempresarias con una tasa de interés nominal del 9,80% anual —que sumada a costos operativos y seguros elevará la tasa efectiva— en momentos en que los negocios enfrentan apagones diarios de hasta 10 horas continuas. Bazares, peluquerías, talleres de confección, comedores y pequeñas tiendas barriales no cuentan con electricidad para encender sus máquinas, refrigerar insumos o atender a sus clientes de manera regular.
Resulta un contrasentido económico invitar al endeudamiento a sectores que hoy luchan por no cerrar sus puertas debido a las pérdidas que provocan los cortes de energía y la delincuencia desbordada. Sin luz para producir y con ventas desplomadas a nivel nacional, contraer un microcrédito a tasas comerciales con la banca pública no representa un alivio, sino una trampa financiera que puede empujar a las emprendedoras hacia la mora y el embargo. El sector productivo de base no necesita préstamos con membrete electoral; exige tarifas eléctricas justas, estabilidad en el suministro de energía y un entorno seguro libre de extorsiones y cobro de vacunas.
La falta de un plan económico ante el desgaste electoral
El lanzamiento apresurado de Emprende Violeta confirma que el régimen de Noboa carece de una hoja de ruta económica de largo plazo. Tras meses de administración caracterizados por el ajuste fiscal, la elevación de impuestos y el deterioro de los servicios públicos esenciales, el oficialismo intenta recomponer su base de apoyo mediante medidas espasmódicas y anuncios de impacto mediático inmediato. La ausencia de un plan de desarrollo productivo se sustituye por decretos improvisados que no atacan los problemas de fondo que frenan el crecimiento nacional.
Las organizaciones sociales y los analistas económicos coinciden en que la banca pública debe ser despolitizada y orientada hacia proyectos de inversión estratégica con tasas subsidiadas y asistencia técnica real, no utilizada como una plataforma de entrega de ofertas preelectorales. En los meses venideros, la ciudadanía evaluará si estas promesas de créditos de color violeta lograron transformar en algo la precaria economía familiar o si se sumaron a la larga lista de ofrecimientos gubernamentales que se desvanecen apenas concluye el conteo de votos.



