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Lunes, 19 de octubre de 2026
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Golpe al feriado: Daniel Noboa decreta diez días de toque de queda en la Costa

Daniel Noboa decreta un nuevo toque de queda en cinco provincias para el feriado: críticas al Gobierno por golpear al turismo y al empleo en plena crisis.

· 4 min de lectura

El cuarto encierro ordenado por Carondelet en 2026

La imposición de este nuevo toque de queda no constituye un hecho aislado, sino el cuarto periodo de confinamiento forzoso que Daniel Noboa decreta sobre la población en lo que va de 2026. Esta reiteración constante de estados de excepción evidencia el agotamiento del denominado Plan Fénix y la ausencia de políticas de fondo para recuperar el control estatal. Tras meses de operativos con despliegue de militares en avenidas principales, las estructuras del crimen organizado continúan operando con absoluta solvencia en puertos y barriadas, mientras el mandatario insiste en recluir a las familias en sus hogares como su única respuesta ante la criminalidad.

Para justificar la orden presidencial, el ministro del Interior, John Reimberg, argumentó ante los medios de comunicación que la restricción nocturna se adopta por la necesidad de que los uniformados operen con la tranquilidad de que no haya daños colaterales. No obstante, en la práctica, esta visión impuesta por Noboa traslada el costo de la inseguridad a las víctimas y a los trabajadores, quienes deben refugiarse en la oscuridad de sus viviendas mientras las fuerzas policiales patrullan calles desiertas, sin que se logre desarticular las redes financieras, el armamento pesado ni los santuarios de las bandas narcodelictivas.

El feriado de noviembre asfixiado por decisión presidencial

El momento escogido por el presidente Noboa para ejecutar este nuevo toque de queda ha provocado el rechazo frontal de los gremios productivos del litoral. Los primeros días de noviembre representan tradicionalmente uno de los periodos de mayor reactivación económica del año, donde miles de pequeños negocios, restaurantes, operadoras turísticas, transportistas y cadenas de hospedaje esperaban recuperar parte de las cuantiosas pérdidas provocadas por el estiaje y la recesión.

Al ordenar diez días de parálisis nocturna en Guayas, Manabí, El Oro, Esmeraldas y Los Ríos, Daniel Noboa sepulta de golpe la temporada turística en las principales playas y balnearios del perfil costero. Las cámaras de turismo advierten que miles de ecuatorianos cancelarán sus viajes por el temor fundado a quedar inmovilizados en las carreteras o encerrados en sus hoteles durante las noches. La decisión de excluir a Santa Elena del decreto no mitiga el impacto regional, ya que las principales rutas terrestres de acceso cruzan obligatoriamente por provincias bajo toque de queda, bloqueando el tránsito natural de turistas que dinamiza la economía costera.

Improvisación oficial y anuncios sin sustento técnico

La forma en que se estructuró este nuevo confinamiento confirma la persistente improvisación que caracteriza a la gestión presidencial. Lanzar un anuncio de semejante impacto para la movilidad humana sin haber expedido previamente el decreto ejecutivo formal y sin detallar las excepciones laborales o los horarios exactos de restricción revela que las decisiones de Carondelet se toman por cálculo de impacto mediático y no por una rigurosa planificación técnica y jurídica.

Esta falta de claridad deja en una situación de indefensión a miles de trabajadores que sostienen actividades esenciales durante las madrugadas. Sectores estratégicos como el transporte pesado de alimentos, las farmacias de turno, los servicios de emergencia médica y la logística portuaria quedaron sumidos en la incertidumbre sobre la validez de salvoconductos y la discrecionalidad policial en los retenes. El presidente de la República decreta restricciones a la libertad de trabajo y tránsito sin considerar la supervivencia diaria de una población que depende del comercio independiente para llevar comida a sus mesas.

Castigar a la población civil en lugar de neutralizar a las mafias

La experiencia acumulada de los toques de queda previos demuestra que encerrar a los ciudadanos honestos no reduce los índices delictivos ni debilita a las mafias organizadas. Mientras los dueños de locales comerciales se ven forzados a bajar sus puertas temprano por temor a las sanciones estatales, los grupos delictivos continúan perpetrando sicariatos, moviendo cargamentos ilícitos y cobrando extorsiones en zonas donde la presencia policial es nula o ineficaz.

En los próximos días, gremios empresariales, colectivos ciudadanos y organizaciones de derechos humanos intensificarán sus reclamos para que Daniel Noboa rectifique una disposición que castiga al motor productivo y destruye el empleo formal. El país se encamina hacia el mes de noviembre atrapado en una contradicción insostenible: apagones diarios que paralizan fábricas, toques de queda presidenciales que apagan el comercio y un Gobierno que, incapaz de frenar el crimen organizado, opta por confinar a las víctimas para aparentar control territorial.

Fuentes

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