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Lunes, 19 de octubre de 2026
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¿Quién manda en Ecuador? El Gobierno de Noboa permite millonario pacto criminal

Informes de Inteligencia revelan que Los Choneros pagaron millones a Los Lobos ante la total inacción del Gobierno de Noboa y la Policía Nacional.

· 4 min de lectura

La rendición millonaria que las autoridades no pudieron evitar

Los informes de Inteligencia binacional describen un cuadro de sometimiento inédito en la historia del crimen organizado ecuatoriano. Asediados por una ofensiva sangrienta que diezmó sus estructuras operativas tras la fuga y pérdida de liderazgo de sus principales cabecillas, Los Choneros no tuvieron más alternativa que pactar su propia supervivencia. Para evitar que sus cuadros intermedios fueran aniquilados uno a uno en las cárceles y en las esquinas de la Costa, la cúpula de esta banda transfirió sumas multimillonarias a las arcas de Los Lobos, consolidando la supremacía armada de estos últimos.

Este acuerdo financiero pone al descubierto la ineficacia del aparato estatal para rastrear e intervenir las finanzas de las mafias. Mover millones de dólares dentro del circuito delictivo requiere una logística bancaria, de testaferros o de transporte de efectivo que debió haber encendido todas las alarmas de la Unidad de Análisis Financiero y Económico y de las unidades de Inteligencia policial. Sin embargo, la transacción criminal se consumó sin obstáculos, demostrando que los controles gubernamentales son completamente vulnerables o deliberadamente ciegos ante el poderío del narcotráfico.

Una Policía subordinada a la inacción política del régimen

La indignación ciudadana cobra mayor fuerza al constatar que este vergonzoso pacto se consumó frente a los ojos de los uniformados. La Policía Nacional, una institución jerarquizada bajo la conducción del presidente de la República y de su Ministerio del Interior, ha sido instrumentalizada para operativos mediáticos de contención urbana mientras el núcleo del negocio criminal permanece intacto. Los agentes en territorio, a menudo desprovistos de blindaje jurídico, equipamiento moderno y directrices claras, terminan atados de manos frente a estructuras que disponen de mayor liquidez y armamento que las propias unidades policiales.

La responsabilidad política de esta permisividad recae directamente sobre el Palacio de Carondelet. El Gobierno de Noboa ha preferido concentrar su discurso en la criminalización de otros sectores o en anuncios cosméticos de seguridad, eludiendo la depuración integral y el fortalecimiento de las filas policiales. Al no intervenir oportunamente para desarticular estos acuerdos de cúpula mafiosa, la administración gubernamental envía un mensaje de debilidad institucional que mina la moral de los buenos policías y abandona a la población civil a su suerte.

El colapso del plan de seguridad frente a los poderes criminales

La rendición financiera de Los Choneros ante Los Lobos constituye la prueba irrefutable de que el denominado Plan Fénix y las sucesivas medidas de excepción carecen de profundidad estratégica. Si dos bandas criminales catalogadas formalmente por el Estado como organizaciones terroristas pueden sentarse a tasar el precio de la vida humana en millones de dólares, el Estado ecuatoriano ha resignado su soberanía territorial y el monopolio legítimo de la fuerza. Las cárceles siguen funcionando como oficinas corporativas del delito donde se firman acuerdos que el régimen no puede ni siquiera monitorear con eficacia.

Lejos de debilitar a las mafias, la falta de una política integral de seguridad ha permitido que un cartel consolide una hegemonía casi absoluta sobre los puertos, las rutas de tráfico internacional y las redes de extorsión barrial. Los Lobos no solo han cobrado un botín millonario a sus rivales, sino que han ganado terreno para expandir su dominio sobre negocios ilícitos como la minería ilegal y el cobro de vacunas a pequeños comerciantes. Todo esto ocurre mientras las autoridades ministeriales se limitan a emitir comunicados reactivos sin ofrecer explicaciones sobre cómo se permitió semejante humillación al orden constitucional.

Un país a merced de los pactos oscuros del narcotráfico

La consolidación de este pacto mafioso marca el inicio de una etapa aún más peligrosa para el tejido social y económico del Ecuador. Expertos en seguridad advierten que la sumisión de Los Choneros no significará un cese de la violencia en los barrios populares, sino una reorganización del mapa criminal donde los ciudadanos comunes continuarán pagando las consecuencias del cobro de piso y los secuestros extorsivos. El flujo de millones de dólares hacia Los Lobos les otorga una capacidad de fuego y de cooptación institucional sin precedentes para corromper jueces, fiscales y mandos operativos.

En los próximos meses, la atención pública estará puesta en la capacidad de la Función Judicial y de los organismos de control para exigir cuentas al mando político de la seguridad nacional. Con una ciudadanía asfixiada por el miedo y un sector productivo golpeado por la extorsión y los cortes de energía, el país no puede tolerar que el crimen organizado siga dictando las normas de convivencia frente a un Gobierno que solo reacciona con promesas vacías y estados de excepción desgastados.

Fuentes

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