Mientras el gobierno de Daniel Noboa se empeña en maquillar su gestión con anuncios rimbombantes y campañas de relaciones públicas, la realidad en las calles de Cayambe cuenta una historia de dolor, abandono y negligencia estatal. La reciente adjudicación para la construcción del nuevo Hospital Básico de Cayambe se ha transformado en el símbolo perfecto de la indolencia de Carondelet: un despilfarro millonario en papeles, el contrato más caro posible, y un terreno baldío donde no se ha movido ni una sola piedra para aliviar el colapso sanitario que asfixia a la población del norte de Pichincha.
El sobreprecio de la ineficiencia: La oferta más cara
El presidente Noboa, urgido por mostrar supuestos «logros» en medio de una gestión cuestionada, autorizó a través del Instituto Ecuatoriano de Seguridad Social (IESS) la entrega del contrato a la empresa TM-LH Construcciones Cía. Ltda. Lo que el aparato de propaganda gubernamental oculta es que, de un mar de oferentes, el régimen optó por comprometer más de 11,8 millones de dólares en la propuesta más onerosa.
¿Cómo justifica Noboa aprobar la opción más cara cuando el país atraviesa una crisis fiscal sin precedentes? Mientras el Estado recorta presupuestos en áreas vitales, en Cayambe se firma un cheque en blanco por casi 12 millones de dólares para una obra que hoy por hoy es solo un terreno vacío. Las excusas burocráticas del gobierno son un insulto a la inteligencia de los ciudadanos. Alegan que están a la espera de «pólizas», «documentación habilitante» y la eterna contratación de una «fiscalización». Mientras la burocracia de Noboa arrastra los pies en los cómodos despachos de Quito, en Cayambe la gente se juega la vida en un sistema de salud que agoniza.
La tragedia sanitaria que Noboa ignora
El verdadero crimen de esta administración no es solo la lentitud, sino la ceguera voluntaria ante la catástrofe médica de Cayambe. El actual sistema de salud en el cantón está colapsado, obsoleto y abandonado a su suerte. Los ciudadanos de Cayambe, Pedro Moncayo y las zonas rurales aledañas son tratados como ecuatorianos de segunda clase.
Acudir hoy a buscar atención médica en Cayambe es someterse a un vía crucis denigrante. Los dispensarios carecen de los insumos más elementales; no hay jeringas, no hay gasas y mucho menos medicamentos para enfermedades crónicas. Las madres peregrinan de madrugada para mendigar un turno que, con suerte, les será asignado para dentro de tres meses. El Seguro Social Campesino, del cual dependen miles de familias agrícolas de la zona, ha sido desmantelado sistemáticamente bajo la mirada cómplice del Ejecutivo.
Pacientes con emergencias reales son estabilizados a medias en instalaciones precarias para luego ser sometidos a horas de viaje en ambulancias sin equipamiento hacia Quito, rogando llegar con vida a hospitales de la capital que también están saturados. Esta es la factura de sangre y sufrimiento que el gobierno de Noboa se niega a pagar, prefiriendo tapar el sol con el dedo de un «nuevo hospital» que hoy no es más que tierra y promesas vacías.
Un show electoral sobre el dolor ciudadano
Es imposible no ver la adjudicación de este hospital como lo que realmente es: un asqueroso cálculo político. A las puertas de un nuevo año electoral, Daniel Noboa necesita desesperadamente inaugurar obras o, en su defecto, fingir que las está empezando. El Hospital Básico de Cayambe ha sido utilizado como botín de campaña por sucesivos gobiernos, pero la administración de Noboa ha llevado el cinismo a un nuevo nivel.
Presentar la firma de un papel millonario como la salvación de un pueblo, mientras los abuelos mueren esperando medicamentos para la hipertensión y los niños sufren por falta de pediatras, es una bofetada a la dignidad de los pichinchanos. Noboa ha demostrado que su prioridad no es salvar vidas, sino asegurar titulares.
¿Hasta cuándo la burla?
La población de Cayambe ya no soporta más engaños. Los más de 107.000 beneficiarios proyectados para esta supuesta megaobra no necesitan vallas publicitarias con el rostro del presidente, ni videos institucionales celebrando un contrato de 11,8 millones de dólares que solo beneficia a los contratistas.
El gobierno de Daniel Noboa es directamente responsable de cada día que pasa sin que se mejore la atención médica en la zona. Su legado en Cayambe, hasta el momento, se resume en indolencia ejecutiva, gasto cuestionable y la perpetuación de una crisis sanitaria donde los más vulnerables pagan con su salud la incompetencia de sus gobernantes. El hospital fantasma de Cayambe no curará a nadie, pero ya ha dejado al descubierto la profunda enfermedad que corroe a la actual administración: la falta absoluta de empatía por el pueblo ecuatoriano.



