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Lunes, 19 de octubre de 2026
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El 70% en peligro: El fenómeno de El Niño desata el acoso y la deserción en niñas

Plan Internacional alerta que el 70% de las niñas se siente menos segura por el fenómeno de El Niño: aumentan el acoso, la pobreza y la deserción escolar.

· 6 min de lectura

El barro cubre los senderos de la Costa ecuatoriana, pero la corriente de las inundaciones arrastra consigo una tragedia mucho más silenciosa y profunda que la pérdida de techos o cosechas. En los recintos anegados de Manabí, Los Ríos, Guayas y Esmeraldas, el fenómeno de El Niño ha transformado la vida cotidiana de miles de niñas y adolescentes en una lucha diaria por la supervivencia física, la dignidad y el derecho a no ser violentadas. Un revelador estudio publicado este 16 de octubre de 2026 por la organización humanitaria Plan Internacional expone una realidad desgarradora: el 70% de las jóvenes y niñas en zonas vulnerables se siente menos segura durante la emergencia climática, enfrentando un riesgo desproporcionado de acoso sexual, agresiones y desamparo en medio del caos provocado por el temporal.

La crisis climática en el Ecuador no golpea con la misma fuerza a todos los miembros de una comunidad; actúa como un despiadado acelerador de las desigualdades estructurales de género. Con escuelas rurales cerradas por la acumulación de agua o convertidas en albergues temporales sin condiciones sanitarias adecuadas, más de seis de cada diez niñas (el 62%) se han visto forzadas a abandonar las aulas de clase para asumir labores de cuidado familiar y caminar largos trayectos en busca de agua potable. En esas travesías solitarias por caminos pantanosos y en campamentos improvisados donde la privacidad es inexistente, las menores quedan expuestas al acecho de agresores, mientras casi cuatro de cada diez encuestadas confiesa que desconoce por completo a qué institución acudir para pedir auxilio.

El peso del balde de agua y el adiós obligado a las aulas

En las zonas rurales inundadas de la cuenca baja del río Guayas o en las riberas del río Carrizal en Manabí, la rutina escolar de las niñas se interrumpe de manera abrupta en cuanto las aguas desbordan los pozos comunitarios y contaminan las fuentes de consumo. En lugar de sostener cuadernos y lápices, las manos de adolescentes de 14 y 16 años sostienen pesados recipientes plásticos que deben llenar en tanqueros distantes o en quebradas lejanas, realizando viajes repetitivos bajo lluvias torrenciales o bajo un calor sofocante que degrada la salud física.

El informe de Plan Internacional documenta que este acarreo constante de agua es asumido mayoritariamente por niñas y mujeres jóvenes, provocando una deserción escolar masiva que amenaza con marcar su futuro de por vida. El 62% de las adolescentes encuestadas confirmó que tuvo que suspender su asistencia a clases para auxiliar a sus familias en la recolección del líquido vital y en la limpieza del lodo en sus viviendas. Cuando las clases se reanudan semanas después, muchas de estas niñas ya no regresan a los pupitres, atrapadas en una sobrecarga de tareas domésticas no remuneradas y en la imposibilidad económica de sus padres para reponer uniformes y útiles escolares perdidos en la riada.

El miedo en albergues sin luz y caminos sin protección

El desplazamiento forzoso hacia refugios temporales expone a las menores a entornos de extrema vulnerabilidad. Cuando las viviendas quedan cubiertas por el agua, las familias son reubicadas en coliseos, escuelas o galpones comunitarios que carecen de divisiones para garantizar la intimidad de las mujeres y niñas. En estos recintos hacinados, donde conviven decenas de personas en colchonetas pegadas al suelo y donde los baños a menudo son compartidos por hombres y mujeres sin cerrojos adecuados, el temor al acoso nocturno se convierte en una pesadilla permanente.

La crisis eléctrica que afecta al país, con apagones prolongados durante las noches, agrava de forma dramática la sensación de inseguridad reportada por el 70% de las jóvenes. La oscuridad total en calles inundadas, sumada a la ausencia de patrullajes policiales en los recintos rurales, convierte cualquier traslado hacia una letrina o hacia un punto de abastecimiento en un trayecto de alto riesgo. Testimonios recogidos en el sondeo describen miradas intimidantes, comentarios lascivos y situaciones de hostigamiento físico que las menores deben tolerar en silencio para evitar conflictos mayores en refugios donde no existen protocolos claros de protección infantil.

Violencia estructural que el agua no logra lavar

Las conclusiones de la investigación adquieren un cariz alarmante al enmarcarse en el contexto de violencia sistemática que ya enfrentaba la infancia ecuatoriana antes de la llegada de las lluvias. Las estadísticas nacionales confirman que el 64,9% de las mujeres ha vivido algún tipo de violencia a lo largo de su vida, mientras que un escalofriante 91% de las niñas ha sido víctima de violencia física, verbal o psicológica antes de cumplir apenas 11 años de edad. Lejos de apaciguar estas conductas, el estrés derivado de la pérdida de empleos agrícolas y la precariedad económica actúa como un detonante que incrementa las agresiones dentro del núcleo familiar.

Estudios especializados de Naciones Unidas advierten que los desastres climáticos intensifican las dinámicas de violencia de género, estimando que cada incremento de temperatura y deterioro ambiental se asocia con un alza en las agresiones físicas y sexuales. En el Ecuador rural, el factor más desolador es la absoluta desinformación institucional: el 40% de las adolescentes que viven bajo el impacto de El Niño no tiene idea de cómo denunciar un abuso ni conoce las líneas telefónicas o dependencias judiciales donde podrían solicitar medidas de protección, quedando confinadas en un círculo de indefensión legal donde las denuncias simplemente no existen.

La urgencia de una respuesta humanitaria con rostro de niña

Frente a la magnitud de los testimonios y los datos expuestos, la atención a las emergencias climáticas no puede seguir reduciéndose a la entrega mecánica de raciones de alimentos secos y frazadas. Plan Internacional hace un llamado enérgico a los ministerios de Estado, a los municipios y a los organismos de cooperación internacional para que las políticas de respuesta humanitaria incorporen de forma obligatoria y transversal un enfoque de género y protección de la niñez.

Garantizar la distribución prioritaria de agua potable segura en puntos cercanos a las comunidades, dotar de kits de higiene menstrual a las adolescentes albergadas y habilitar espacios seguros exclusivos para mujeres con iluminación autónoma son acciones inmediatas que marcan la diferencia entre la protección y la vulnerabilidad extrema. Asimismo, se requiere el despliegue urgente de brigadas psicológicas y de trabajadoras sociales que recorran las zonas anegadas para abrir canales de denuncia confidenciales. Con un temporal invernal que recién inicia su ciclo más severo, el país entero tiene la obligación moral de evitar que la furia de las aguas termine ahogando la seguridad, la educación y la vida de las niñas del Ecuador.

Fuentes

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